Una se va fuera 5 meses y, cuando vuelve, parece que todo ha cambiado. Las obras en Sol ya no están. El Pinkie de mi ciudad ha sido sustituido por unos chinos glamurosos. Callao es peatonal. Mi hermana, de 14 años, se ha echado un novio macarrilla. Mi madre está preparándose el acceso a la universidad.
Casi todo a mi alrededor ha variado en cierta forma pero a mí el Erasmus me ha dejado en el mismo sitio donde estaba antes. Bueno, no, miento. Sé más inglés y más francés que hace 5 meses, tengo más confianza en mi misma por eso de hacértelas valer por ahí fuera tú sola, he visitado ciudades que no conocía (Amsterdam, Maastricht, Londres, Luxemburgo, Gante, Leuven, Praga ) y creo que soy un poquito más feliz. 5 meses dan para tomarte un buen kit-kat y volver con las ideas renovadas y las pilas cargadas. La cosa es que todo esto por fuera no se nota. Parezco la misma de antes. Pero todo alrededor ha cambiado.
De momento esos cambios no me asustan demasiado, son simplemente detalles a los que una se tiene que acostumbrar. Como eso de volver a actualizar este blog que no lee nadie. Antes mínimo lo hacía una o dos veces al mes. Pero en este tiempo, del 23 de agosto de 2009 al 28 de enero de 2010, solo he publicado una entrada. Volvía hace exactamente tres semanas y hasta ahora no había actualizado. Esto sí que tiene que cambiar.