Sí, soy de esas a las que les gustan los finales felices. No lo puedo remediar. Debí de ver demasiadas películas Disney de pequeña y si no hay una escena final con un beso de ensueño, no me quedo agusto. Por eso, cuando vi el final de Torchwood, me quedé con la boca abierta. Digamos que es… diferente. No es el típico final que tiene una serie.
Lo primero y más importante: muere Ianto. Odio que se mueran los personajes que me gustan en las series. Lo odio profundamente. Y a mí Ianto me encantaba. Ese humor ácido, su manera de hacer el café, cómo quería a Jack… era tan mono… pero, desafortunadamente, nos deja. No obstante, también hay que decir que es una escena digna de ver, de las que te hacen llorar cada vez que la ves.
Sin embargo, el quinto capítulo, con el que la serie dice adiós, es impactante y te deja pegado a la pantalla. El personaje de Jack muestra todo el dolor que le está carcomiendo después de perder a Ianto, ya que cree que todo ha sucedido por su culpa. Y si a eso le unes que, posteriormente, debe sacrificar a su propio nieto por el bien de la humanidad, no queda ni una pizca del Jack se ve durante las dos temporadas anteriores, siempre con la sonrisa dibujada en su cara.
Es un final diferente. A pesar de salvar al mundo, de no acabar sacrificando a los niños de todo el planeta Tierra, no es un final feliz. Es triste y está lleno de arrepentimiento, de dolor. Jack se despide de Gwen en una escena increible, donde el viajero del tiempo dice marcharse para alejarse lo más posible del planeta que tantos recuerdos amargos le trae. Después de todo, parece que Ianto no era un diminuto punto en el tiempo para Jack.