Cuando un ordenador, un libro y unos cuantos dvd’s son tus mejores amigos te planteas qué va mal en tu vida y por qué lo único que siempre está contigo es tu eterna soledad. Te preguntas qué has hecho mal, qué paso no has dado, qué pieza no se ha movido: cuál ha sido el error.
Entonces descubres que te has atascado, que no avanzas en la vida mientras que los demás dan pasos de gigantes. Sigues siendo la misma niña asustada que se queda en la esquina del patio del colegio para no llamar la atención, para ocultarse al mundo, para que nadie la vea. Mantienes los sueños de hace años porque crees en el karma y en que el bien siempre gana, pero ya eres mayor para creer en cuentos de princesas: abrir los ojos a la luz siempre duele.
Por eso decides dar un cambio en tu vida, irte lejos, cortar por lo sano y llevarte contigo lo poco que merece la pena. Cinco meses son suficientes para replantearte la vida, mirar desde lo alto de la Torre de Suso, encontrar la perspectiva que te hace falta. Abandonar la soledad, renovar tus sueños, madurar y encontrar un camino diferente.
No estoy huyendo. Estoy yendome lejos para volver.