Se podría decir que la mejor serie que jamás ha ocupado unos minutos de emisión televisiva. Unos veinte por capítulo, exactamente. Con todo lo necesario para arrancar una sonrisa en el peor de tus momentos.
a mi siempre me gustó. Veía capítulos sueltos en La2, hace ya algunos años, y me reía con mi hermana cuando imitaba a la genial Rosario. Hace unos meses decidí ver la serie entera, desde el principio, pero hoy, 7 de agosto de 2008, a la 01.25 h. de la madrugada he terminado el último capítulo. Genial. Siemplemente. Tiene lo que yo he buscado siempre en el final de una serie de televisión: que te cuenten toda la vida de los personajes, una especie de Cien años de soledad con la familia Buendía. No me gustaba que te dejaran con la intriga porque siempre acababas preguntandote si los personajes morirían juntos en sendos sofas de orejeras en un coqueto salón como dos tiernos viejecillos enamorados. Como si los personajes no murieran cuando se acababa la serie, como si siguieran placidamente sus vidas pero sin que nadie los observase desde detras de la caja tonta.
Es una serie que significa mucho para mi por esa amistad que representan Will y Grace y ahora que ha acabado queda una especie de vacío dentro de mí y un nudo en la garganta por ese final en el bar, donde te das cuenta de que la familia es esa gente que permanece contigo toda la vida y a la que te unen unos lazos que ni el tiempo, el peor de los enemigos, puede romper.
Aunque sea muy llorona, es cierto que pocas series consiguen que suelte una lagrimilla, pero ésta lo ha logrado, porque es la típica historia que me hace seguir pensando que todo en esta vida ocurre por una razón y que la esperanza de encontrar el amor de tu vida es lo último que se debe perder. No puedo evitarlo: soy llorona y soñadora.
