En un descanso de mi tedioso e insoportable estudio, me he puesto a leer el periódico. Indagando por la edición digital de El País (voy a tener que empezar a leer otro periódico, que me van a acusar de imparcial) he descubierto una noticia que me hubiese encantado no haber leído jamás. Me he quedado con la boca abierta. El titular decía: Save the Children denuncia abusos sexuales a niños por parte de cooperantes y fuerzas de la ONU. Pero si el inicio era espantoso, al adentrarme en las palabras de la noticia me he asustado más: Niños de tan sólo seis años son víctimas de abusos sexuales por parte de fuerzas de paz de Naciones Unidas y trabajadores de entidades humanitarias, denuncia la organización no gubernamental Save the Children. Esta atrocidad sucede en lugares como Haití o Costa de Marfíl. No lo entiendo. Son cosas que no pueden entrar en una mente sana. Se supone, porque ya una no está segura, que esa gente está ahí para proteger, cuidar, ayudar, pero leo esto y me pregunto hacia donde va la humanidad, el rumbo que está tomando, no el mundo, pero sí determinados individuos que habitan en él y que se permiten el lujo de llamarse a sí mismos personas.
Debe ser que estoy muy sensibilizada con este tema. He empezado a leer el libro de la periodista mejicana Lydia Cacho titulado Memorias de una infamia en el que narra el secuestro legal que sufrió en su país por denunciar una red de pederastia y corrupción. Descubres la maldad en estado puro. Y averiguas de lo que son capaces de hacer algunos monstruos con niñas de apenas cinco años. También leí hace poco un genial reportaje de El País (disculpad mi poca memoria, porque no me acuerdo de su título, pero llega la hora de los exámenes y recuerdo más las variables del marketing mix que lo que he leido hace dos días). Mostraba dibujos hechos por niños y niñas de diversas edades en los que sacaban a la luz las horrorosas vivencias por las que pasaban en sus casas. Sentí escalofríos.
Estas son las cosas que te hacen sentir la persona mas afortunada del mundo. Pero sobre todo te ayudan a no olvidar que hay gente en este mundo por la que merece la pena luchar, porque por sí mismos no son capaces. Un niño es lo mas valioso del mundo y nuestro futuro depende de él. Serán los gobernadores, las amas de casa, los economistas, los periodistas, los abogados, los albañiles, las profesoras y los actores del mañana. Y su derecho fundamental es la felicidad.