Según Ángel Martín, la idea la obtuvieron de la periodista María Eugenia Yagüe: “Se está pensando en hacer un frente anti-Telma” fueron sus palabras. Al día siguiente, el programa se pone manos a la obra. Gracias al departamento de informática, crean la web de la asociación: www.nosgustalaprensarosa.com. Para que esta vez el proyecto fuera más creíble, al frente de la asociación pusieron a un actor, que se hizo pasar por el portavoz. Colgó un vídeo en youtube y las entrevistas no tardaron en aparecer: Cadena Ser, La Razón, etc. Todos cayeron en su trampa. Sin embargo, el actor apenas sabía de corazón, por lo que con una pregunta adecuada, descubrirle no hubiera sido nada complicado.

El día de la manifestación, el actor fue acompañado por diecinueve figurantes, que al parecer tampoco tenían mucha idea de noticias del corazón. Acudieron a Toledo luciendo las camisetas que patrocinaban la web, pero debajo, “por si algo fallaba”, llevaban puestas unas de Sé lo que hicisteis. En la puerta de los Juzgados, recibieron el apoyo de todos los periodistas que allí acudieron.
Esta iniciativa ha vuelto a poner de manifiesto la poca seriedad que tiene cierto sector de la prensa actual. Ya no se investiga, y cualquier fuente tiene credibilidad. Las pruebas no son necesarias y todo acontecimiento, trate el hecho que trate, es noticia. Por no hablar de esa filosofía del “Todo vale”. Telma Ortiz ha sido el primer personaje público que ha dicho basta. Sin embargo, ha perdido su batalla. Aunque lo achacan a su pobre defensa, la jueza ha considerado que es una persona con proyección pública. Pero aún le queda esperanza: el pasado 20 de mayo recurrió la sentencia.
¿Dónde está el límite de la información? ¿Qué es información y qué no? Hay opiniones para todos los gustos y de todos los colores: Telma no puede censurar, Telma tiene todo el derecho a preservar su intimidad, solo algunos medios son culpables, etc. Sin embargo, lo deseable sería que no fuese necesario que los medios necesitasen ser censurados, deberían ser ellos mismo los que se diesen cuenta de que la vida de esa señora no es de interés público. Porque al fin y al cabo ¿a quién le interesa?