Para mí, existen tres tipos de periodistas: los que se dedican plenamente a la información seria y objetiva, lo que se dedican a eso que llaman “prensa rosa” y los que hacen un periodismo divertido y de entretenimiento. Esto últimos es cierto que son bien excasos, porque parece que solo se pueden dar las noticias poniendo cara de pasa. Creo que Manel Fuentes y Dani Mateo son dos grandes excepciones. Y seguramente que haya más.
Dani Mateo, licenciado en periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona, es el mejor en este arte. Forofo del Barça (todos tenemos fallos), monologuista magnífico, presentador sin igual y admirador de Iñaki Gabilondo, es una de esas personas conocidas, aunque no por todo el mundo, y reconocidas, aunque no todo lo que se debería, por la cual pasarán los años pero a mí me seguirá haciendo pegarme a la pantalla del televisor como el primer día que le oí hablar. Ya sea haciendo entrevistas, burlándose de qué estará pasando en Telecinco o imitando al novio de Falete, es un profesional y, desde hace mucho tiempo, un ídolo para mí.
Será un tontería, pero yo nunca he soñado tener en la universidad una clase magistral de Angels Barceló o de Luis del Olmo. Todavía estoy esperando el día en el que Dani Mateo se lance a la enseñanza, porque seré la primera en la fila del Aula Magna. Creo que solo me haría más ilusión tener frente a mí a Jon Sistiaga…
Sí, soy de esas a las que les gustan los finales felices. No lo puedo remediar. Debí de ver demasiadas películas Disney de pequeña y si no hay una escena final con un beso de ensueño, no me quedo agusto. Por eso, cuando vi el final de Torchwood, me quedé con la boca abierta. Digamos que es… diferente. No es el típico final que tiene una serie.
Lo primero y más importante: muere Ianto. Odio que se mueran los personajes que me gustan en las series. Lo odio profundamente. Y a mí Ianto me encantaba. Ese humor ácido, su manera de hacer el café, cómo quería a Jack… era tan mono… pero, desafortunadamente, nos deja. No obstante, también hay que decir que es una escena digna de ver, de las que te hacen llorar cada vez que la ves.
Sin embargo, el quinto capítulo, con el que la serie dice adiós, es impactante y te deja pegado a la pantalla. El personaje de Jack muestra todo el dolor que le está carcomiendo después de perder a Ianto, ya que cree que todo ha sucedido por su culpa. Y si a eso le unes que, posteriormente, debe sacrificar a su propio nieto por el bien de la humanidad, no queda ni una pizca del Jack se ve durante las dos temporadas anteriores, siempre con la sonrisa dibujada en su cara.
Es un final diferente. A pesar de salvar al mundo, de no acabar sacrificando a los niños de todo el planeta Tierra, no es un final feliz. Es triste y está lleno de arrepentimiento, de dolor. Jack se despide de Gwen en una escena increible, donde el viajero del tiempo dice marcharse para alejarse lo más posible del planeta que tantos recuerdos amargos le trae. Después de todo, parece que Ianto no era un diminuto punto en el tiempo para Jack.
Pasos mis días entre la universidad, mi casa y mis amigos. La soporto, la aguanto y los quiero, respectivamente. Mi futuro está en la economía (Solbes tiembla), aunque me encantaria que estuviera en el periodismo (Piqueras...ni te preocupes). Vivo la vida como quiero y como me dejan y mi tendencia al pesimismo me lleva a creer que los sueños nunca se cumplen...Pero siempre queda un resquicio de eso que llaman esperanza